Un Domingo de Pascuas.
Me levanté hoy con 46 años, con un hijo ya con sus 25 años de vida.
Sentíamos risas, gritos, de niños y una madre jugando y filmando aquello que pasaría a ser un gran recuerdo.
Los gritos decían, ¡¡caliente!!, ¡¡frío!!, te quemas, te quemas.
Habían llegado los conejitos a esconder sus huevitos de chocolate, y nos transportamos a una época de hace ya más de 20 años atrás.
Estaban olvidados en nuestra memoria, porque la vida pasa y los juegos dejan de formar parte de nuestras elecciones.
Al ver a esa mamá y sus peques que te sacan una sonrisa, comienzas a darte cuenta de la importancia de vernos hacia adentro y sacar ese niño interior.
De la simpleza de una abuela viendo a sus nietos, reír y jugar.
Una mamá formando parte de un momento único e irrepetible.
Y es ahí donde contagiamos esa alegría del vivir en comunidad.
Hace más de 20 años, esa mamá era yo, ese niño era mi hijo.
Comenzamos a reírnos con los juegos y con los recuerdos.
Y volvimos por un instante a vivir una experiencia maravillosa que aunque irrepetible en sí misma, la mente y el entorno nos dejarían ese aroma a una niñez bien compartida.
Felices Pascuas, feliz recuerdo de momentos que serán guardados y afloraran en aromas, en instantes, pero ahí estarán como los mejores tesoros de la vida.
Lo que compartimos jamás se olvida.
🎁💞😍🥚
Karina Tais. _

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